En esto del cine, como supongo que me ocurre con los autores
en la literatura, tengo a veces mis altibajos. Hay filmes que me atraen ya por
su propio director, y en ocasiones me llevo mis chascos. Como hay novelas que
devoro porque el autor me gusta, y resulta que a veces sus historias me cojean.
Pero también hay autores, los menos, que sé que prácticamente van a encandilarme
escriban lo que escriban, toquen el tema que toquen. Y, del mismo modo, hay un
puñado muy reducido de directores que siempre consiguen cautivarme. Aunque no
tengan una prolífica filmografía tras de sí, como es el caso. Y el caso es Steve McQueen, que lo consiguió con la
más reciente “Shame”, y con aquella “Hunger” que nos trasladaba al drama
atroz de una cárcel norirlandesa a principios de los 80. Y lo ha conseguido de
nuevo, en su regreso en 2013, con “12
años de esclavitud”.