Aunque en este rincón casi
siempre han predominado las obras de autores más conocidos, siempre ha habido
un hueco en la estantería para los nuevos nombres, para esos autores que
comienzan a abrirse camino. Para esos nombres que, en definitiva, empiezan a sonarnos
un poco a quienes buceamos un poco por las redes y no limitamos la curiosidad
solo a los catálogos de editoriales más consagradas.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
lunes, 8 de febrero de 2016
Euforia colectiva (Alberto Hontoria)
De cuando en cuando los lectores
nos topamos con novelas complejas que nos dejan un regusto singular y que van
mucho más allá de las meras estructuras narrativas, personajes y sucesión de
acontecimientos. Historias que, en definitiva, se antojan más que una historia
y dan ese siempre distintivo paso más allá.
Conocí al autor de hoy, Alberto Hontoria, gracias a este blog y
a su primera novela, “Disjecta membra”,
que podéis rescatar echando un vistazo entre las estanterías del Desván. Recordaréis que apuntaba maneras, y su apuesta ya parecía decantarse hacia
cauces diferentes a los más explotados en literatura, algo que los lectores
avezados siempre agradecemos.
“Euforia colectiva” es su
nuevo título que hoy me subo al Desván. Y en cuanto a evolución, algo que los
lectores tendemos también a tener en cuenta cuando repetimos con un autor, ha
sido una lectura de lo más placentera. No es esta una novela sencilla, no
estamos desde luego ante ese típico page-turner tan adecuado para superar un
bache lector o, prácticamente, dejarse llevar. Es más bien una historia exigente, que nos fuerza a masticarla
poco a poco y, sobre todo, a digerir
cada uno de sus matices y sus
implicaciones.
Todo comienza con un
descubrimiento científico, el que realiza la microbióloga Charlotte Cornell en
su laboratorio dentro de la rutina de análisis habitual. Lo que en principio
parece un microorganismo que se comporta de forma atípica se irá desvelando
poco a poco como un elemento con cualidades extraordinarias. Algo capaz de
atizar por completo los cimientos del entramado social en el que vivimos. No es
oro, sin embargo, todo lo que reluce y la senda por la que Alberto nos encamina
es la de guiarnos, a su manera, a través de cada una de las implicaciones y
consecuencias que desencadenará tan descomunal hallazgo.
Si el “Y si…” es una de esas premisas tan fundamentales, de esas
preguntas que todo autor debe hacerse a cada paso en su historia, esa
estructura queda muy marcada en “Euforia colectiva” Porque además de una trama
que se va retorciendo, de un puñado de personajes con sus miedos, sus miserias
particulares y sus ambiciones, la impresión es que estamos ante un gigantesco y magnífico ejercicio de
conjetura y creatividad. Una lectura que, sin desvelar más detalles sobre
la trama, es una constante sucesión de
tramas, temas y consecuencias más bien imprevisibles. Sin giros impostados
ni imposibles, Alberto nos va llevando a su terreno y acaba proyectando ese foco de la reflexión hacia un terreno
muchísimo menos científico de lo que el argumento, de primeras, podría sugerir.
Estamos ante todo un salto de
calidad tras una primera novela ya prometedora. “Euforia coletiva” se antoja bastante más compleja, trabajadísima en cuanto a documentación y, sobre
todo, más ambiciosa. Seguramente no
sea vuestra historia si buscáis el dinamismo y el ritmo trepidante de un
thriller. Pero si el cuerpo os pide una lectura más profunda, calma, de esas que conviene dejar reposar y que se cuelan durante unos días entre nuestras
reflexiones diarias, he aquí una firme
candidata.
jueves, 21 de enero de 2016
El mal camino (Mikel Santiago)
Soy de los que descubrieron al
autor de hoy, Mikel Santiago, gracias a su anterior novela “La última noche en
Tremore Beach”. Un debut más que notable, una historia con una ambientación
cautivadora que me ganó desde las primeras páginas. Y tras el buen regusto,
repetir era solo cuestión de tiempo. Cuando supe de “El mal camino” y me encontré con esa portada, cual flechazo, no
tarde en subírmela al Desván para buscarle un hueco.
miércoles, 23 de diciembre de 2015
Elvira (Rubén Angulo Alba)
“Elvira” es la última novela de Rubén Angulo, a quien ya conocíamos en el Desván con otra novela
bastante especial o, cuanto menos, diferente: “La escritura necesaria”.
Y aunque hay alguna similitud, por ejemplo en cuanto a desarrollo de personajes,
Rubén ha apostado en este caso por una trama marcadamente más cerrada.
miércoles, 16 de diciembre de 2015
La cuarta fase (2009, Olatunde Osunsanmi)
“La cuarta fase” es una de las primeras películas con la firma de Olatunde Osunsanmi, a quien después
hemos visto proliferar más en el jugoso campo de las series televisivas. Desmarcándose del thriller más al uso, lo que
nos propone Osunsanmi es una historia de
extraterrestres que aparece marcada desde el principio por unos tintes documentales singulares, aunque
notoriamente pretenciosos.
viernes, 11 de diciembre de 2015
Persépolis (Marjane Satrapi)
De la mano de Marjane Satrapi vino una de mis últimas
y más bien escasas incursiones en esto de la novela gráfica. Es innegable que “Persépolis” tiene un marcado sello
autobiográfico, pero creo que concluir que es simplemente una historia que nos
cuenta la vida de Marjane sería obviar otros temas que también aborda.
Todo comienza con un breve
prólogo, poco más que un esbozo de la Historia de Irán que ya nos lo retrata
como un país siempre invadido, siempre esclavo de algún modo a lo largo de los
siglos. Un antecedente que nos sirve para entender en parte todo lo que Satrapi
plasma aquí. Su infancia y, sobre todo, su madurez, coinciden con el clímax de
la Revolución Islámica de 1979 en Irán. Veremos que Marjane vivirá los contrastes, intentando comprender los
acontecimientos. Al principio, desde el prisma
religioso que la ha acompañado toda la infancia. Más tarde, en su
adolescencia, llegarán las incoherencias y una perspectiva mucho más práctica.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
El nadador (Joakim Zander)
Hoy nos inclinamos una vez más
hacia el thriller en el Desván. Y lo hacemos con una novela que me atrajo de
forma extraña ya desde que empecé a verla colarse entre las novedades. “El
nadador” es el debut en el campo de
la novela de Joakim Zander, abogado
sueco y ex trabajador en el Parlamento Europeo. Un destello biográfico que
podría parecer secundario, casi incluso cotidiano, pero que veremos que adquiere
una relevancia especial cuando nos plantamos ante la trama y vislumbramos los
tintes que adquiere.
Narrada en capítulos más bien breves, con una prosa concisa y a pulso de
thriller nos encontramos aparentemente con una historia trepidante que orbita
en torno al espionaje internacional.
Operaciones secretas, lobbys, grandes corporaciones y turbios intereses gubernamentales se mezclan aquí en
una espiral que engulle a nuestros protagonistas. Joakim Zander recurre a esos personajes, a sus voces, y alterna
constantemente sus perspectivas para articular esta novela: Klara, indiscutible protagonista y
secretaria destinada en el Parlamento Europeo. George, ambicioso abogado y lobista afincado en Bruselas. Y el
complejo y misterioso Mahmoud Shammosh.
Todos ellos convergen en un mismo lugar y en un mismo momento presente, el frío
verano de 2013. Y todos ellos se ven apresados por los acontecimientos y por la
compleja tela de araña que Zander ha tejido para ellos en forma de tupida red
de intereses. Ellos mismos, sus vidas y sus historias, están insospechadamente
vinculadas.
viernes, 27 de noviembre de 2015
Orígenes (2014, Mike Cahill)
La enésima representación de esa
irreconciliable batalla entre ciencia y
religión, entre lo demostrable y lo espiritual, aparece muy bien retratada
en esta película. Y es que Mike Cahill,
con “Orígenes”, ha construido una
historia en la que el dilema parece estar siempre palpitante. A veces más
relegado a un contexto o a un segundo plano, otras casi delante de nuestros
ojos, entre diálogos, o en el perfil de los propios personajes.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Diario de una secuestrada (Ana Cepeda)
Hacía ya un tiempo que no abría
hueco en este espacio para los autores menos conocidos, con todas las sorpresas
(y también algunos chascos, siendo justos) que me han deparado como lector. En
este caso, la novela que me subo al Desván ha sido más que un acierto. Ha sido
precisamente el tipo de lectura que me pedía el cuerpo, la clase de novela que
necesitaba para “oxigenarme” después de un par de historias más densas y exigentes.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
La niebla (1980, John Carpenter)
Sé que no es, ni de lejos, el
mejor de los legados de Carpenter.
Pero tiene algo especial, algo que tenía la primera vez que la visioné casi por
casualidad hace un década, y que me he vuelto a encontrar al apostar por ella
como broche a mi pasado Halloween. “La
niebla” es el ejemplo perfecto de que con una trama convencional, con unos
personajes más que encorsetados y sin grandes detalles en el reparto, puede o
pudo hacerse buen terror. Carpenter lo consigue con esa ambientación tan especial, y que va mucho más lejos que un simple
escenario: Ese Antonio Bay, ese
pintoresco pueblo pesquero aparentemente tranquilo con su sheriff, sus marinos,
su faro y esa locutora de radio encargada de, como ella misma dice, calentar
las noches a base de buena música. Es precisamente ella, Stevie Wayne (Adrienne Barbeau), la primera en darse
cuenta de que algo insólito ocurre en Antonio Bay. De que esa densa niebla que
se acerca desde el mar avanza demasiado deprisa. De que parece que desprende un
brillo que no resulta nada habitual. Y
sobre todo, es la primera en relacionar esa niebla con la extraña serie de
desapariciones y de muertes que se han dado últimamente en el, por lo general,
apacible Antonio Bay.
Para saber de qué va la cosa y el
porqué de la mortífera niebla tendréis que ver la peli, claro. Basta decir que
el filme responde bastante a ese esquema Carpenter, una trama sencilla, un delicioso ritmo
in crescendo, una estupenda banda
sonora y varios sustos bien
trazados. Siempre me ha dado la impresión de que Carpenter es uno de los
directores que mejor aprovecha dos elementos fundamentales en esto del terror: la luz, y el silencio. Aquí tenemos
toda una muestra, porque Carpenter realmente nos atrapa en ese mundo ahora de antaño, en esas noches
frías y brumosas de Antonio Bay. Los
puristas dirán que no es una película para el recuerdo, que casi todo lo que
Carpenter ha hecho es más mediatizado que meritorio. “La niebla” no es extraordinaria, ni es imprescindible, pero tiene
algo indefinible. Si os gusta el terror y os entra uno de esos ataques de
nostalgia ochentera, os brindará un buen rato.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Matemos al tío (Rohan O´Grady)
El arribar de una embarcación
marca la escena inicial y a la vez ese nexo que une indefectiblemente dos
vidas. En este caso, dos vidas jóvenes. Estamos ante dos muchachos, Christie y Barnaby, que por distintos
motivos terminan en el mismo lugar: una apacible isla canadiense.
viernes, 30 de octubre de 2015
En un vistazo #5: a vueltas con el slasher y Shyamalan en low-cost
LA VISITA (2015, M. NIGHT SHYAMALAN)
Dos hermanos encarnados por
Olivia DeJonge y Ed Oxenbould personifican la reciente vuelta de Shyamalan a la cartelera. Becca,
apasionada por el cine y el pequeñajo Tyler, un loco por el rap empeñado en
forzar la rima de cada sílaba, emprenderán un viaje para pasar una semana con
sus abuelos, a quienes aún no conocen. Una visita que nuestros dos hermanos,
comandados por una Becca en su salsa, se empeñarán en filmar para el recuerdo.
Lo que no esperan es que, con el paso de los días, el comportamiento de los
abuelos adquirirá tintes cada vez más inquietantes.
Así, en forma de un found footage de bajo presupuesto,
regresa Shyamalan a tontear con el terror. Una película propulsada por ese
magnetismo especial de los dos protagonistas que deriva hacia un terror bastante light y algo naïf, no
esperemos una gran intensidad ni, desde luego, una explosión de violencia. La
apuesta es mucho más sutil. Y efectiva, porque el filme resulta entretenido y
no falta ese puñado de sustos bien planteados y ese aderezo en forma de
tensión. “La visita” es un thriller ejecutado desde esa inocencia infantil, una línea de la que no se despega ni
siquiera en su desenlace, donde un cierto tono adoctrinador no pasa
inadvertido. Gustará a los afines al formato, y seguramente también a los fans
del mejor Shyamalan, aunque no pasará de ser una obra menor en su filmografía. Pero
parece que cosas como “La joven del agua” y “El incidente” han quedado atrás. Y
se agradece, Manoj, de verdad.
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