Jacobo (Juan Diego Botto) es un escultor que regresa, tras dos décadas de ausencia, a su Galicia natal. ¿El motivo?: el preocupante estado de salud de su madre, ingresada en una clínica mental. Allí, en su tierra, descubre que no está solo. Unas pocas personas aún le recuerdan y se prestan a ayudarle en el difícil momento que afronta. Entre ellas aparece María (Marta Etura), una conocida de la infancia a quien conseguirá enamorar.
Tras unos días, Jacobo recibe el encargo de completar la obra de su padre Mateo (Luis Tosar), también escultor, para ser incluida en la catedral de la ciudad. Aunque Jacobo no se siente capaz de conseguirlo, acepta el reto y lo acomete con un talento insólito. Sin embargo, todo parece ir sobrepasándole día tras día. María intentará por todos los medios prevenirle y ayudarle a superar lo que sea que le trastorna.
Pero no será fácil, pues sólo Jacobo sabe lo terrible de lo que le sucede. El trágico pasado de la muerte de su padre parece abrirse paso hacia el presente. Pese a las décadas que han transcurrido, y pese a que Jacobo siempre ha intentado huir de ese pasado.
Aunque ya no recuerde qué le ha impulsado a iniciar esa huída.