Confieso que fui de los que caí
con Manel Loureiro con su trilogía Z. Tres thrillers muy bien llevados que os
desempolvaba aquí y que prácticamente me leí del tirón, cayendo en esa especie de espiral casi
obsesiva hacia la que nos precipitan las buenas historias. Cuando supe de su
nueva novela, también supe que tenía todos los elementos para recalar en el
Desván: toques de terror, tintes sobrenaturales y, sobre todo, mucho misterio.
¿Qué puede haber más extraño que un barco hallado en alta mar, en perfecto
estado, pero cuya tripulación ha desaparecido casi en su totalidad?
De esta premisa parte esta nueva
historia de Loureiro, en un comienzo que sólo puedo calificar como muy
prometedor. Estamos en 1939, unos días antes del estallido de la Segunda Guerra
Mundial, y tenemos al Valkirie: un enorme buque olvidado
en medio del océano que es descubierto por un carbonero, el Pass of Ballester. Cuando una reducida
expedición aborda el Valkirie, se
topará con que no hay nadie a bordo, aunque todo el bagaje, las provisiones y
las posesiones de la tripulación están intactas. Los navegantes del Valkirie parecen haber desaparecido
súbitamente. El único signo de vida es un bebé, que es hallado en uno de los
lujosos salones del trasatlántico.

