Pensar en “Drácula” es irse a finales del S. XIX, a la obra de Bram Stoker que sentaría un poco las
bases de la figura del vampiro moderno. O, si sois más cinéfilos, pensar en
aquella “Nosferatu” aún muda allá por los años 20. O asociar la figura del conde
inmediatamente a la de Bela Lugosi.
Quizá sea ese filme, el del 31, uno de los más conocidos por todos.
