La segunda etapa del viaje a
Baztán que nos propone Dolores Redondo
es “Legado en los huesos”.
Siempre digo que soy bastante escogido, creo que cada vez más, con las series
literarias en las que me adentro. Más aún si estamos ante best-sellers, que
prefiero dejar reposar un tiempo. Pero hay excepciones y tentaciones, y negar
que tras “El guardián invisible” me quedé de prendado de esa ambientación, de esos bosques, y del atávico
Elizondo sería absurdo.
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martes, 22 de abril de 2014
jueves, 28 de marzo de 2013
El guardián invisible (Dolores Redondo)
Los bosques de Baztán son de esos densos y oscuros. Húmedos
y misteriosos, escenario de todo tipo de leyendas. Historias de esas que el
boca a oreja traslada de una generación a otra. Fantásticas historias que
persisten a lo largo de los siglos y se cuentan pese a no estar escritas. Es
muy sencillo evocar este valle de Baztán al que Dolores Redondo nos transporta.
Casi podemos avanzar entre las angostas calles de los pueblos de la zona.
Fachadas de piedra casi adyacentes e idénticas, que parecen mera prolongación
de esas calles con aires de antaño. Casi sentimos el frío constante, la humedad
de la niebla cuando aparece para abrazar el valle. Y así, tornar el escenario
de “El Guardián Invisible” en una atmósfera aún más velada y enigmática. Estoy
convencido de que, si aguzásemos el oído, podríamos apreciar el sonido de la
lluvia. Permanente e hipnótica como un metrónomo.
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