Que soy más bien poco de remakes no es ningún secreto. No
suelo verles la miga, no sé hallarles la esencia. Detesto cuando una película
prescinde por completo del necesario ejercicio de innovación. Pero es que
cuando, asentándose en los cimientos de otra trama, el nuevo filme plantea algo
novedoso, tampoco me gusta, porque falta a la esencia de la historia
primigenia. Qué tío más raro este Rober, diréis. ¿Qué es entonces lo ideal?
Quizás readaptar la naturaleza de la película a los nuevos tiempos. Buscar cambiar
algo, perseguir un toque de originalidad, pero sin salirse de la línea ya
esbozada. En resumen: algo muy, pero que muy subjetivo. Hoy he decidido
proyectar en nuestro Desván un remake. Uno de esos que podría calificar como
correcto.
