En “In time”, una llamada en un teléfono público cuesta un
minuto. Un café, cuatro minutos. Y un viaje en autobús son dos horas. No existe
el dinero. Todo lo que uno quiera tiene un precio, pero no se satisface en
monedas o billetes: se paga en tiempo. De esta idea parte el filme de Andrew
Niccol, estrenado hoy hace casi un año.
