Son varias las maneras en que un libro llega a mis manos. A
veces es simplemente una sinopsis que me atrae, o varias reseñas positivas que
despiertan mi curiosidad. Otras es algún préstamo o recomendación directa, e
incluso en ocasiones, para qué engañarnos, no puedo evitar leer aquello que
todo el mundo lee: esos títulos que suenan y resuenan. Sin embargo, y aunque
tenía a Oscar Wilde entre mis autores pendientes de relectura, la verdadera
razón de que hoy comparta con vosotros “El retrato de Dorian Gray” es mucho más
sencilla: venía de serie en mi ebook.
