Si algo parece haber obsesionado al ser humano desde siempre es lo desconocido. La Historia nos dice que, desde que se tiene constancia, nuestra especie se ha lanzado a la investigación de lo que no comprendía o no conocía. Desde el más arcaico nomadismo hasta las modernas expediciones, siempre hemos querido conocer más acerca del planeta que habitamos. Y casi siempre nos hemos llevado grandes sorpresas.
Hoy en día, sumidos en la era del progreso científico, nuestras miras parecen haberse fijado en objetivos más lejanos. La Tierra parece habérsenos quedado pequeña muy pronto y ahora es el Cosmos el que parece saciar esa innata curiosidad. Y no dejamos de mirar al cielo a sabiendas de que, en lo infinito, siempre encontraremos con qué alimentarla.
Porque parece imposible que, en pleno siglo XXI, algo se nos haya pasado por alto. Tras tantos avances tecnológicos y tanto capital invertido, ¿es posible que exista aún algún rincón en nuestro planeta desconocido, al que ni siquiera hoy en día podemos acceder? La respuesta está muy al Sur, en pleno corazón del Continente Perdido.