El título de una novela, o de
cualquier relato, puede convertirse en todo un reclamo. Junto con lo más
gráfico como puede ser una portada, no deja de ser parte importante de esa
primera impresión que tendremos como lectores de una historia. Las listas de ventas
están plagadas de títulos sorprendentes,
impactantes, ingeniosos. Pretendidamente largos o breves como un destello.
Gancho y cebo, cada uno a su manera. Pero en ocasiones, bajo títulos
convencionales, prosaicos, casi incluso hasta vulgares, puede estar ocultándose
una gran historia.
