Lo que Erlend Loe nos deja en “Naíf.
Súper” es una fachada que se nos antoja sencilla. Miremos como la miremos,
esta novela parece destilar simplicidad:
es breve, el argumento en sí no parece demasiado extraordinario, y el estilo de
Loe es minimalista. El relato es una sucesión de esas frases escuetas, directas
y concisas que se agrupan en capítulos más bien breves. Y con títulos
sencillos, como “El árbol”, “La bicicleta”, “El beso” o “La pelota”.
