…«¡Feliz Navidad, tío; que Dios lo guarde!», exclamó una alegre voz. Era la voz del sobrino de Scrooge, que apareció ante él con tal rapidez que no tuvo tiempo a darse cuenta de que venía.
«¡Bah! -dijo Scrooge-. ¡Tonterías!» …
Diría que, más que un “Cuento de navidad”, Dickens nos dejó allá por 1843 algo
distinto. Una de esas historias que hablan más bien de segundas oportunidades. Hay una deliciosa y casi idílica ambientación
navideña, es cierto. Pero la Navidad parece más bien sólo un marco. O, a lo
sumo, un catalizador de la historia que Dickens nos lega.

