Promesa: expresión de la voluntad de dar a alguien o hacer por él algo. Nuestro día a día está plagado de promesas. Y no sólo tienen por objeto a los demás. También nos hacemos promesas a nosotros mismos. “Voy a dejar de fumar” “Voy a empezar a ir al gimnasio” Pero, ¿cuántas de ellas realmente cumplimos, y cuántas no? ¿Y hasta qué punto podemos ser capaces de cumplirlas?
Esta es la historia de una promesa cumplida. Respetada hasta casi rebasar los límites de lo posible.
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martes, 30 de septiembre de 2008
sábado, 27 de septiembre de 2008
El cruce
miércoles, 24 de septiembre de 2008
"Los extraños" (2008), Bryan Bertino
"Los extraños" es el primer largometraje del director nobel Bryan Bertino. Protagonizada por Liv Tyler (hija del solista de "Aerosmith" y conocida de otras producciones como "Armagedon" y "El Señor de los Anillos") y Scott Speedman.
No puede achacársele a Bryan Bertino que no haya mostrado intención con esta película. El film se inspira en el llamado creepy crowling, esa técnica utilizada en algunos de los asesinatos en serie más famosos, como puede ser el caso de los perpetrados por Charles Manson. La técnica en sí consiste en invadir la casa de las víctimas y desplazar los muebles y demás objetos personales con el fín de provocar firme pánico en las víctimas a la mañana siguiente.
domingo, 21 de septiembre de 2008
El misterio en torno a la fuente de la Consolación
[caption id="attachment_218" align="aligncenter" width="300" caption="La Fuente de la Consolación, en Nubledo"]
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Juan suspiró y estacionó el vehículo en el que viajaba al margen de la carretera, invadiendo el arcén derecho. Paró el motor y se apeó del coche. Había sido una noche larga, que le había provocado más cansancio del habitual para un área tan tranquila como aquella por la que le había sido encomendado velar. Miró a ambos lados y, cuando se aseguró de que no había peligro alguno, cruzó la carretera en dirección a la fuente. Estaba sediento además de fatigado, y se acercó al lugar para tratar de saciar una necesidad tan básica como aquella. Su cuerpo agradeció la frescura del agua al instante. Cuando, dispuesto a regresar al coche, alzó la vista hacia los lindes del bosque, la vio: Parecía el cuerpo de una mujer envuelto en harapos o arcaicas vestimentas inmaculadas, pero se le antojó de dimensiones desmesuradas para serlo. Además, desprendía una leve luminosidad, emitía un tímido haz de luz que terminó de horrorizarle. Dejándose llevar por su primer impulso, volvió a la carrera sobre sus pasos, se introdujo en el coche, y se alejó a toda prisa del lugar.
Juan suspiró y estacionó el vehículo en el que viajaba al margen de la carretera, invadiendo el arcén derecho. Paró el motor y se apeó del coche. Había sido una noche larga, que le había provocado más cansancio del habitual para un área tan tranquila como aquella por la que le había sido encomendado velar. Miró a ambos lados y, cuando se aseguró de que no había peligro alguno, cruzó la carretera en dirección a la fuente. Estaba sediento además de fatigado, y se acercó al lugar para tratar de saciar una necesidad tan básica como aquella. Su cuerpo agradeció la frescura del agua al instante. Cuando, dispuesto a regresar al coche, alzó la vista hacia los lindes del bosque, la vio: Parecía el cuerpo de una mujer envuelto en harapos o arcaicas vestimentas inmaculadas, pero se le antojó de dimensiones desmesuradas para serlo. Además, desprendía una leve luminosidad, emitía un tímido haz de luz que terminó de horrorizarle. Dejándose llevar por su primer impulso, volvió a la carrera sobre sus pasos, se introdujo en el coche, y se alejó a toda prisa del lugar.
Así comenzó el misterio: una madrugada como otra cualquiera hacia mediados de la década de los 60. Y así quedó prácticamente en el olvido, excepto para algunos habitantes del pueblo, en cuya memoria aún perduró el extraño testimonio de aquel hombre. La historia se terminó convirtiendo en una de tantas que, transmitidas de generación a generación, nunca quedan desterradas en esa peculiar Historia que es la que los propios habitantes de los pequeños pueblos escriben
lunes, 15 de septiembre de 2008
La primera mañana
El café era amargo, como todos los que servían en el centro. Y, como también ocurría casi siempre, más caro de lo habitual. Pero no me importó. Nada de todo aquello reprimió mi necesidad de sumergirme en el nocivo calor y la calma que a mitad de mañana se instalaba en una cafetería a la que nunca antes había entrado. Quizá necesitaba resguardarme del súbito frío que se había instalado en las calles, o simplemente algo para combatir el plomizo sopor que se cernía sobre mi cuerpo.
Pedí dos cafés y tomé asiento al fondo del local, junto a una cristalera que daba al exterior. Consulté mi reloj y observé que restaba casi media hora aún hasta que llegase el próximo autobús. Traté de sumirme en la lectura de la novela de Ellery Queen que estaba terminando. Pero las mañanas grises parecen generar en lo más fondo de nuestro ser un firme sentimiento de melancolía que potencia la lucidez de nuestros recuerdos.
Y, entre los míos, aún conservaba demasiadas mañanas nubladas entre sabores amargos. Y otros no tan amargos, pero que con el tiempo han ido caducando hasta tornarse repulsivos. Demasiadas palabras extraviadas en el tiempo, pero que de vez en cuando retornan, como impulsadas por el viento, hasta mis oídos. Frases que no querría oír pero que, indelebles en mi esencia, seguirán surgiendo ocasionalmente, reticentes a internarse en el penumbroso pozo del olvido. El pozo al que, al fin y al cabo, quizá no arrojamos tantas cosas como creemos. O queremos.
La furiosa lluvia comenzó a golpear el cristal, casi cuando ya me disponía a abandonar el establecimiento. Aquella mañana parecía delimitar los lindes del calor estival, era la primera del otoño aunque el calendario no lo reconociese. Un otoño que jamás había traído nada bueno a mi vida. Y con él, la rutina me esperaba de nuevo. Me aguardaba un año complicado, y los cambios en todos los ámbitos eran demasiado nimios como para afrontarlo con una visión optimista.
Apuré mi café y me puse en pie, avanzando hacia la puerta. Antes de salir, de modo casi ritual, me di la vuelta y atisbé entre la multitud la mesa que había ocupado. Suspiré observando el otro café intacto encima de la mesa, y me alejé deseando fervientemente que mi fiel compañera, la que a todos lados me seguía, permaneciese allí, degustando su café, al menos durante un tiempo.
Rober escucha "November Rain" de Guns & Roses